domingo, 13 de junio de 2010

Scott Ross


El clavecín no es un instrumento fácil para el oído moderno. Arrumbado primero por el pianoforte y posterior y definitivamente por su sucesor el piano, su sonido puede resultar cansino y demasiado seco si uno no encuentra cómo adentrarse en él.

Para que la química con el clavecín funcione hace falta la guía de un verdadero maestro, y Scott Ross fue uno de ellos. Ejemplo de anti-divo hasta el extremo, Ross solía tocar en público con la misma ropa de estar por casa, la misma que empleaba para dedicar sus horas, más allá de la música, a sus múltiples pasiones: las orquídeas, los volcanes o los minerales. En sus manos, la música surgida del también conocido como clavicembalo resulta hipnótica.

Fue un gran recuperador de la tradición barroca de este instrumento, del que conocía todos sus secretos, y consiguió la proeza de grabar por primera vez la integral de las sonatas de Scarlatti (¡34 CD!). También nos dejó versiones frecas, diáfanas, sentidas, de Frecobaldi, Rameau, Bach o Soler, sin desdeñar autores más modernos: de todo ello hay abundantes muestras en internet.

Scott Ross falleció a los 38 años por complicaciones derivadas del SIDA el 13 de junio de 1989, hoy hace 21 años.

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