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miércoles, 29 de diciembre de 2010

El curador de heridas

DuPont Circle sería una de tantas paradas del modesto metropolitano de la ciudad de Washington, en EE UU, si no fuera por las palabras inscritas en la superficie el semi-círculo de granito que sirve de pared de la boca de entrada de la estación:

"Thus in silence in dreams’ projections,
Returning, resuming, I thread my way through the hospitals,
The hurt and wounded I pacify with soothing hand,
I sit by the restless all the dark night, some are so young,
Some suffer so much, I recall the experience sweet and sad..."

"Así pues en silencio, en proyecciones de sueños,
Regreso, sigo adelante, me abro paso en los hospitales,
Calmo con manos sosegantes a los enfermos y heridos,
Me siento toda la noche oscura al lado de los agitados, algunos son tan jóvenes,
Algunos sufren tanto, recuerdo las experiencias tiernas y tristes..."

Se trata de buena parte del último fragmento de "El curador de heridas" ("The Wound-Dresser"), un  poderoso poema en el que Walt Whitman recrea sus impresiones como enfermero durante la guerra civil estadounidense a finales del siglo XIX. Su fuerza evocadora es tal todavía en 2007 que estas líneas fueron las escogidas para ser grabadas a la vista de todos como homenaje a los cuidadores y voluntarios de las personas con VIH/SIDA de la ciudad.

Casi veinte años antes, en 1988, el texto completo del poema sirvió al minimalista John Adams para componer una breve pieza para barítono y orquesta. Adams explica que las potentes imágenes del texto le sirvieron de inspiración en un momento muy difícil de su vida, en el que su padre experimentaba el progreso del Alzheimer, y su entorno de amistades el deterioro causado por el VIH/SIDA.

Desde que el pasado 16 de noviembre de 2010 se nos fuera el activista español Carlos Alberto Biendicho, estos versos y esta música han vuelto a mí repetidamente, sin que pudiera dejar de imaginar cómo le hubiera indignado a él que en la inscripción pública de DuPont Circle se hubieran escamoteado precisamente los dos finales:

"(Many a soldier’s loving arms about this neck have cross’d and rested,
Many a soldier’s kiss dwells on these bearded lips)."

"(Muchos brazos amantes de soldado han rodeado este cuello y han descansado en él,
Muchos besos de soldado persisten en estos labios barbados)."
(Traducción propia)

Queden escritos aquí por ti, Carlos.

miércoles, 13 de octubre de 2010

El presbiterio y el jardín de la vida

"Los unos y los otros" es una insulsa película de Claude Lelouch de 1980 repleta de caras famosas del cine francés e internacional de la época. Poco apreciada por la crítica, que mayoritariamente la calificó de vacua y pretenciosa, e ignorada por el gran público, apenas ha resistido el paso del tiempo y seguramente hubiera caído completamente en el olvido si no fuera por sus fascinantes últimos 9 minutos de metraje, en los que un pletórico Jorge Donn baila una de las más famosas y conseguidas coreografías de Maurice Béjart, a partir de una versión abreviada de esa broma musical que es el "Bolero" de otro Maurice, Ravel. 

La versión del filme, además de añadir dos voces innecesarias a la orquesta, suponemos que por exigencias del guión, mezcla la evolución del espectáculo sobre el escenario con las inexpresivas reacciones de los protagonistas, que lo contemplan o bien desde el público o bien desde casa por televisión, lo cual no permite apreciar del todo lo mejor del conjunto: la danza. Por suerte, contamos con otras grabaciones de la coreografía de una cierta menor calidad técnica pero ideales para disfrutar plenamente de la belleza creada por Béjart y Donn.

El argentino Jorge Donn fallece en 1992 por complicaciones derivadas del SIDA, dejando tras de sí una carrera fulgurante y un buen puñado de amigos y admiradores. Varios de éstos le han dedicado homenajes, siendo el más conocido el de su mentor y amigo, Béjart, una vez más. El gran coreógrafo francés unió los sentimientos nacidos de la pérdida de Donn con los de la desaparición de Freddy Mercury para crear "Ballet por la vida", con música de Mozart y de Queen y vestidos de Versace.

Uno de los fragmentos más dolorosamente bellos ideados por Béjart es el inspirado en el segundo movimiento del Concierto para Piano y Orquesta número 21 del de Salzburgo: parejas de baile que parecen perderse y encontrarse de continuo mientras cuerpos que buscan volver a la vida sin conseguirlo son transportados en camilla por prosaicos enfermeros.

"Ballet por la vida", que todavía se sigue representando, lleva por subtítulo la enigmática frase "El presbiterio no ha perdido nada de su encanto ni el jardín de su esplendor". Famosa por haberse convertido en divisa del movimiento surrealista, aparece por primera vez, sin tener una clara relación con la trama, en la novela "El misterio del cuarto amarillo" del pionero del suspense Gaston Leroux. 

No resulta difícil fantasear con la pregunta de hasta qué punto Donn y Mercury se hubieran sentido plenamente identificados con el magnetismo evocador de estas palabras hechas imágenes.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Homenaje a una criatura del espacio exterior

"King Arthur" es una obra teatral musicada del británico Henry Purcell que no ha tenido tanta fortuna como la bien conocida "Dido & Aeneas" o que incluso la majestuosa, valga el adjetivo, "The Fairy Queen". Catalogada como semi-ópera, es un retablo de escenas no demasiado conexas entre sí en el que en realidad los personajes principales hablan más que cantan, y son sus trasuntos alegóricos los que se reservan las arias de lucimiento.

Una de esas arias es la primera del "Cold Genius", en el tercer acto: Cupido hace despertar al espíritu del invierno, el genio helado, al que gracias a sus palabras convence del poder del amor. Originalmente compuesta para voz de bajo, hoy es común que la interpreten contratenores en la estela de quien la popularizó, Klaus Nomi.

Personaje singular primero de la escena berlinesa y posteriormente de la neoyorquina, Nomi, cuyas cuerdas vocales alcanzaban un agudo de alto voltaje, vertió su mejor saber en esa "Cold Song", que en youtube cuenta con numerosas reproducciones, sea para disfrutar el audio o de una grabación de época.

Nomi falleció de complicaciones derivadas del SIDA en 1983, muy temprano en la historia de la pandemia. Antes, nos regaló actuaciones memorables como corista de David Bowie, o bien en solitario, interpretando sus imposibles canciones pop, nuevos arreglos de Purcell ("Dido's Lament") o una entre hilarante y conmovedora versión del "Mon coeur s'ouvre à ta voix" de "Samson et Dalila" de Saint-Saëns.

Su exuberancia artística era de tal que su influencia se ha expandido hasta nuestros días. En 2004, el director Andrew Horn montaría el documental "The Nomi Song", un tributo y para muchos un redescubrimiento. Desde entonces se han recreado espectáculos con sus canciones innovadoras y se han diseñado colecciones de moda inspiradas en sus rompedoras indumentarias. También en 2004, la enfant térrible de la música contempránea Olga Neuwirth compuso "Hommage à Klaus Nomi", un simpático pasticcio de los más variados estilos para orquesta de cámara y contratenor.

Aquí dejaremos que sean los versos de John Dryden, el libretista de "King Arthur", en boca del genio helado los que rindan nuestro particular homenaje a quien gustaba presentarse como una criatura del espacio exterior venida para salvar a la raza humana de su estulticia:

"What Power art thou, who from below,
Hast made me Rise, unwillingly, and slow,
From Beds of Everlasting Snow!
See'st thou not how stiff, and wondrous old,
Far unfit to bear the bitter Cold,
I can scarcely move, or draw my Breath;
Let me, let me, Freeze again to Death."

"¿Qué poder posees tú como para lograr
Que desde lo profundo me alce despacio y a mi pesar
De lechos de nieve que por siempre han de perdurar?
¿Acaso no ves que entumecido y viejo hasta maravillar
Mal pertrechado para el implacable frío soportar
Apenas puedo moverme o atino a respirar?
¡Déjame, hasta morir, de nuevo congelar!"

[traducción propia]

domingo, 29 de agosto de 2010

¿Quién es Sylvester Wager?


Su reciente página de MySpace ofrece un perfil escueto: intérprete de piano y órgano y compositor de música clásica y de jazz además de videocreador, es alto (187cm), reside en Nueva York, es gay y le fascina la red. Llamativamente, no menciona de modo explícito el VIH, pero él mismo recurre al término regularmente al etiquetar sus vídeos.

Sus montajes audiovisuales disponibles en línea se cuentan por decenas (calcula unos 100 según declara en una entrevista digital), y dispone de canal propio tanto en youtube como en vimeo. Con frecuencia son interpretaciones delicadas de movimientos lentos de obras clásicas, lecturas contenidamente románticas, que invitan a la introspección; o bien creaciones propias del mismo estilo, que reivindica como música contemporánea contra las modas vanguardistas: algunas de esas piezas están dedicadas a amigos fallecidos, como la serena "Absence".

Aparte de breves apuntes y recomendaciones sobre ser músico en Nueva York, y alguna autograbación que delata su inglés de acento germánico, poco más se puede obtener del ciberespacio para hacerse un idea sobre quién es Sylvester Wager. Seguramente, prefiere que las notas hablen por él.

sábado, 31 de julio de 2010

Jorge Bolet, la música sin fin


Charles Vidor, el genial director judío de origen húngaro exiliado en EE UU, responsable de películas imprescindibles cono "Gilda" o "Adiós a las armas", fallecería en 1959 en Viena, mientras rodaba un biopic sobre su compatriota, el prodigio del piano y compositor del siglo XIX Franz Liszt.

El filme se estrenó en 1960 bajo el título "Song without end", o "Canción sin fin". En España, sin embargo, se comercializaría como "Sueño de amor", una traducción literal de "Liebestraum", (a veces se cita en plural, "Liebesträume") la pieza para piano sin duda más popular del también pedagogo e incansable seductor. (La película sería completada por otro grande de las pantallas, George Cukor.)

En los fragmentos disponibles en youtube, un apuesto Dirk Bogarde intérpreta al fogoso compositor en largas escenas frente al teclado. Se cuenta que Bogarde sufrió horrores para aprender los gestos y ademanes necesarios, pero por lo que muestran las imágenes pareciera que valió la pena: su técnica es impecable y la expresión muy viva. La cosa sin embargo tiene un poco de truco: aunque es prácticamente imperceptible, las manos que tocan el instrumento no son de Bogarde (se utilizo un técnica de doble grabación para conseguir el efecto), sino de un verdadero pianista, Jorge Bolet, uno de los últimos de la gran escuela romántica.

Bolet nació en Cuba de padres de ascendencia catalana (ella era una Tremoleda), aunque siendo Jorge muy pequeño la familia emigró a EE UU. De carácter extremadamente reservado, sus biógrafos coinciden en que siempre se dejó dominar (y hasta maltratar) por personalidades más fuertes, como su hermana María (una misionera biblista que acabaría sus días en Barcelona) o su compañero sentimental y representante Tex Compton. Otra persona muy influyente en su vida sería su hermano Alberto, que durante un intervalo a mitad de los años 60 del siglo pasado ejerció de director de la Sinfónica de Bilbao. Jorge residió esporádicamente en el País Vasco en esa misma época, llegando a dar varios recitales con la orquesta que dirigía su hermano.

A pesar de la película, de haber ganado varios premios prestigiosos y de recibir elogios de otros grandes pianistas, Bolet no alcanzaría fama mundial hasta finales de los 70 (para entonces él ya superaba la sesentena), cuando su estilo arrebatadamente romántico vuelve a estar de moda tras dos décadas de purismo frío y fidelidad dogmática a la partitura. Entonces firma un contrato en exclusiva con Decca y ofrece recitales donde es aclamado por sus versiones preciosistas de Rachmaninov, Chaikovsky, Chopin o su admirado Liszt. También entonces tiene la oportunidad de intensificar otra de sus grandes pasiones: la enseñanza a jóvenes prometedores.

En pocos años, sin embargo, crítica y público empiezan a comentar que su estilo se relaja, que decae y pierde fuelle. Sus interpretaciones devienen, según las crónicas, menos vigorosas y más sombrías, lo que algunos achacan posteriormente, en retrospectiva, a la merma de fuerzas que le causaba la infección por VIH. Bolet fallece en octubre de 1990, un mes antes de cumplir los 76 años, por complicaciones asociadas tanto a su edad avanzada como al SIDA.

Nos legó su amor infinito por una música, la del gran piano romántico, que él como pocos contribuyó a rescatar de las críticas de adocenamiento empalagoso y virtuosismo alambicado y vacuo, para que pudiera quedarse eternamente entre nosotros. Hasta siempre, Jorge.

viernes, 9 de julio de 2010

El Réquiem de Guerra de Derek Jarman


Tras ser diagnosticado con VIH a finales de 1986, la primera película que dirigió Derek Jarman, casi dos años después, fue "War Requiem". Siguiendo su sello distintivo, se trata de una creación de formato audaz, sin diálogos, que sigue el hilo musical, narrativo y emocional del "War Requiem" de Benjamin Britten, una de las obras corales centrales del siglo XX, y tal vez la pieza más popular del compositor junto con la ópera "Peter Grimes".

Britten, pacifista convencido y objetor de conciencia en una época en la que serlo era considerado una arriesgada extravagancia, compuso esta pieza como respuesta a un encargo: tenía que tocarse en la re-inauguración de la Catedral de Coventry, en 1962, casi totalmente destruida durante la II Guerra Mundial y vuelta a construir de nuevo. Monumental en sus dimensiones, este réquiem de guerra es en realidad un sobrecogedor alegato anti-belicista para tres solistas, orquesta de cámara, coro mixto, coro de voces blancas y orquesta sinfónica, en el que se intercala el texto latino del ordinario de la misa de difuntos con poemas de Wilfred Owen, joven soldado fallecido cuando la otra Guerra Mundial, la I, estaba a punto de concluir.

No sabemos a ciencia cierta si Jarman ya tenía en proyecto su película antes del diagnóstico o la concibió a raíz de éste. Pero los sencillos y a un tiempo punzantes textos de Owen y los bellísimos sonidos de Britten que los realzan sirvieron al cineasta para armar su propio canto contra el horror de la destrucción y la necesidad de paz:

"What passing bells for these who die as cattle?
Only the monstrous anger of the guns.
Only the stuttering rifles' rapid rattle
Can patter out their hasty orisons
No mockeries for them from prayers or bells,
Nor any voice of mourning save the choirs, --
The shrill, demented choirs of wailing shells;
And bugles calling for them from sad shires."

[versos iniciales para la voz de tenor sobre un poema de Owen]

"¿Qué campanas fúnebres se tocan
Para quienes mueren como ganado?
Sólo la ira monstruosa de los cañones.
Sólo el rápido traqueteo de los rifles tartamudeantes
Puede chacharear su apresurada plegaria.
No hay para ellos remedos de oraciones o campanas,
Ni voces de lamento que salven los coros.
Esos coros estridentes y demenciales de proyectiles quejumbrosos;
Y clarines llamándoles desde terruños sombríos."

[traducción propia]

En el filme, Jarman mezcla imágenes documentales de las guerras mundiales junto con las de otros conflictos posteriores (Corea, Vietnam), a las que añade escenas de ficción sobre la vida Owen y su entorno, en las que actúan, entre otros, Laurence Olivier en la que sería su última aparición en pantalla y una impecable de Tilda Swinton, actriz fetiche del británico.

El hecho de que Britten fuera homosexual y de que existan sólidos indicios de que Owen también lo era (fue muy amigo, quizá amante, del poeta Siegfried Sassoon), sin duda estimuló a Jarman, activista radical: hombres que han avanzado por el margen y que desde esa posición han contemplado consternados, cuando no experimentado en su propia carne, todo el daño que la humanidad puede hacerse a sí misma.

jueves, 17 de junio de 2010

De la rabia y el recuerdo


Otro compositor contemporáneo que se dedica a las bandas sonoras, quién sabe si por placer o por pecunio (o ambas cosas a la vez), es John Corigliano. El neoyorquino ganó un Oscar por la música de "El violín rojo", una fábula políglota sobre la transculturalidad en el tiempo y en el espacio con el instrumento nómada por excelencia como protagonista.

Eso fue en 1999, cuando Corigliano ya llevaba unos años alumbrando melodías subyugantes, a medio caballo entre lo reconocible y lo misterioso. Su primera sinfonía data de 1988, y es una especie de apólogo musical titulado "Of Rage and Remembrance": "De la rabia y el recuerdo". Como explica el propio creador, la obra fue un encargo de la Sinfónica de Chicago y está inspirada en la vida y la memoria de varios amigos, también músicos o relacionados con la industria musical, afectados por el VIH/SIDA: algunos ya fallecidos, otros diagnosticados justo durante el periodo de composición.

La obra cuenta, algo muy inusual para una sinfonía contemporánea, con dos excelentes grabaciones: la del debut, con la mencionada orquesta de Illinois dirigida por Daniel Baremboim, que se puede encontrar en la serie económica de Elatus, y otra, más madura, con la National Symphony bajo la batuta de Leonard Slatkin en el sello RCA.

No hay apenas, lamentablemente, muestras en internet, aparte de un breve fragmento en la página web oficial del compositor. Valga pues esta versión para instrumentos de viento de la "Tarantella" del segundo movimiento para hacerse una idea de su calibre.

domingo, 13 de junio de 2010

Scott Ross


El clavecín no es un instrumento fácil para el oído moderno. Arrumbado primero por el pianoforte y posterior y definitivamente por su sucesor el piano, su sonido puede resultar cansino y demasiado seco si uno no encuentra cómo adentrarse en él.

Para que la química con el clavecín funcione hace falta la guía de un verdadero maestro, y Scott Ross fue uno de ellos. Ejemplo de anti-divo hasta el extremo, Ross solía tocar en público con la misma ropa de estar por casa, la misma que empleaba para dedicar sus horas, más allá de la música, a sus múltiples pasiones: las orquídeas, los volcanes o los minerales. En sus manos, la música surgida del también conocido como clavicembalo resulta hipnótica.

Fue un gran recuperador de la tradición barroca de este instrumento, del que conocía todos sus secretos, y consiguió la proeza de grabar por primera vez la integral de las sonatas de Scarlatti (¡34 CD!). También nos dejó versiones frecas, diáfanas, sentidas, de Frecobaldi, Rameau, Bach o Soler, sin desdeñar autores más modernos: de todo ello hay abundantes muestras en internet.

Scott Ross falleció a los 38 años por complicaciones derivadas del SIDA el 13 de junio de 1989, hoy hace 21 años.

jueves, 10 de junio de 2010

Kaddish

Para los cinéfilos, Leonard Bernstein fue el genial compositor de West Side Story, un musical de Broadway que sería llevado a la pantalla con clamoroso éxito. Para los melómanos clásicos, es uno de los grandes directores de orquesta del siglo XX, que elevó a la Filarmónica de Nueva York a sus más altas cotas de prestigio. Para los docentes, un genuino pedagogo de la llamada música culta para las masas a través de sus populares programas de divulgación televisiva en EE UU.

Pero Bernstein, Lenny para los amigos, fue también un compositor de piezas contemporáneas heterogéneas tirando a ampulosas, en su momento no demasiado bien recibidas por la crítica y ahora en proceso de revisión y recuperación.

Hombre de carácter volcánico, tuvo amantes masculinos desde muy temprano, lo que no fue óbice para que acabara casado con la chilena Felicia Montealegre, con quien tuvo además tres hijos. Pese a sus múltiples amoríos con varones, sólo en una ocasión y por apenas un año abandonó a su esposa al caer rendidamente enamorado del joven Tom Cothran.

Montealegre moriría en 1978, algo que al parecer afectaría profundamente a Bernstein. El director y compositor afrontaría la última década de su vida (moriría en 1990) con un ritmo de vida muy intenso no exento de contradicciones.

Es esta la época, la de los 80, en la que muestra un activo compromiso a favor de las personas con VIH, que se acentúa después del fallecimiento de Cothran por complicaciones derivadas del SIDA: organiza conciertos benéficos y brinda apoyo a la fundación amfAR.

Que sepamos, Bernstein nunca compuso ninguna obra directamente inspirada por la crisis del VIH/SIDA. Sin embargo, su tercera sinfonía de 1963, titulada "Kaddish" y creada en memoria del asesinado presidente Kennedy, suele asociarse al sentimiento de pérdida y desolación provocado por la pandemia, y no sin razón.

Kaddish es el nombre de una oración ceremonial judía que se invoca especialmente en recuerdo de quienes han dejado este mundo y como fuente de consolación para los vivos:

"Descienda del Cielo una paz grande, vida, abundancia, salvación, consuelo, liberación, salud, redención, perdón, expiación, amplitud y libertad, para nosotros y para todo Su pueblo Israel, y decid: Amén."

[fragmento; versión castellana: wikipedia]

Además del Kaddish tradicional en arameo que canta el coro, la sinfonía de Bernstein utiliza un texto en inglés en radical contraste, una verdadera imprecación a un Dios ininteligible:

"Are You listening, Father? You know who I am:
Your image; that stubborn reflection of You
That Man has shattered, extinguished, banished.
And now he runs free—free to play
With his new-found fire, avid for death,
Voluptuous, complete and final death."

"¿Estás escuchando, Padre? Ya sabes quién soy:
Tu imagen; ese obcecado reflejo de ti mismo
que el hombre ha hecho pedazos, ha agotado, ha desvanecido.
Ahora este hombre se siente libre, libre de jugar
con el fuego que acaba de descubrir, ávido de muerte,
de la voluptuosa, completa y última muerte."

[fragmento; traducción propia]

Difícil reflejar con más énfasis los sentimientos de rabia, desespero e incomprensión con los que a menudo afrontamos la muerte de un ser querido.

[Esta entrada esta dedicada a la memoria del doctor Roy Arad, israelí, pacifista, gay, seropositivo y activista del VIH; una bellísima persona y un buen amigo que dejó este mundo el pasado fin de semana por decisión propia; también está dedicada, como a Roy le hubiera gustado, a la memoria de todas las personas que han pérdido la vida en la búsqueda de una paz justa y duradera entre palestinos e israelíes. Por ti, Roy, Kaddish.]

domingo, 30 de mayo de 2010

Feliz cumpleaños, Pauline


Pauline Oliveros, una de las grandes de la música experimental desde la década de los 60 del siglo pasado, ha cumplido 88 años este 30 de mayo. Feminista y lesbiana, Oliveros se hizo un hueco en un mundo dominado por los hombres a base de tesón y con una apuesta por la música enraízada en la experiencia de lo real del sujeto contemporáneo. Con una concepción de los sonidos profundamente política y claramente educativa al mismo tiempo, su obra visionaria se extiende en incontables direcciones gracias a su espíritu aventurero y cómplice.

La longeva tejana ha conseguido elevar el acordeón a la categoría de instrumento místico, en el que desliza asombrosas texturas sonoras de las que han bebido desde las vacas sagradas del minimalismo (los Reich, Glass o Adams) hasta los reyes de las pistas de baile más conspicuos (los Garnier, Mills u Oakenfold).

En 1992 obtuvo uno de los máximos galardones que pueda recibir un artista estadounidense, el "National Endowment of the Arts", por su pieza "Epígrafes en los tiempos del SIDA", dedicada a su fallecido hermano Peter. Este trabajo forma parte del album "Suspended music", una colaboración con la creadora de zumbidos Ellen Fullman, conocida por sus instrumentos de larga cuerda.

Oliveros dirige además el Instituto de la Escucha Profunda, con el que impartirá este verano un taller en la Nau Côclea de Girona, lo que constituye todo un lujo.

¡Feliz cumpleaños, Pauline!

viernes, 28 de mayo de 2010

La ópera de Reynaldo Arenas


Dicen algunos de quienes le conocieron que la mitad de lo que contaba era mentira y la otra hipérbole, y sin embargo fiel espejo de su realidad. Pocos personajes tan apasionados y apasionantes como el cubano Reynaldo Arenas, escritor, poeta, agitador cultural y disidente sexual y político, que en 1990, ya en su exilio neoyorquino y muy enfermo de SIDA, pondría fin a su vida por voluntad propia.

Aunque para entonces relativamente popular entre amantes de la literatura, el gran público no supo de Arenas hasta la película "Antes que anochezca", adaptación de las memorias del mismo título, en la que el español Javier Bardem lo encarna con un perfil almibarado, bastante menos lenguaraz e incisivo que el que emana de sus exuberantes textos.

Arenas vuelve a la actualidad gracias al estreno mañana 29 de mayo de "Before the night falls", una ópera contemporánea de su compatriota Jorge Martín que recrea ese mismo libro. El Festival de Ópera de Forth Worth, Tejas, ha echado la casa por la ventana con esta producción, que ha venido precedida de un generoso aparato publicitario.

Apenas hemos podido acceder a unos breves fragmentos musicales de la obra, pero la web del Festival ofrece abundantes notas y vídeos sobre el proceso creativo, y existe una página dedicada en facebook en la que se pueden seguir paso a paso las actividades previas a la inauguración (todo ello en inglés).

Hacia finales de este 2010, el 7 de diciembre, se cumplirán 20 años de la desaparición de este autor verborreico y maldito que una vez fallecido...

"No quiso ceremonia, discurso, duelo o grito,
ni un túmulo de arena donde reposase el esqueleto
(ni después de muerto quiso vivir quieto).
Ordenó que sus cenizas fueran lanzadas al mar
donde habrán de fluir constantemente.
No ha perdido la costumbre de soñar:
espera que en sus aguas se zambulla algún adolescente."

[final de "Autoepitafio", Nueva York, 1989.]

jueves, 13 de mayo de 2010

Walt Whitman y el cancionero del tapiz memorial


También el conocido en español como tapiz memorial tiene su cancionero. Promovido en 1993 por el malogrado barítono William Parker, "The AIDS Quilt Songbook" recopila canciones de nuevo cuño encargadas a reconocidos compositores contemporános e inspiradas, al igual que el tapiz, en los efectos físicos y emocionales causados por el SIDA. Entre los primeros en responder a la llamada de Parker se contaron John Harbison, Lee Hoiby, William Bolcom, Chris deBlasio o nuestro admirado Fred Hersch. Con el grupo de obras inicial, compuestas para barítono y piano, se editó con fines benéficos un CD ya clásico que todavía puede adquirise por internet.

El impacto del proyecto ha perdurado y hasta finales de 2008, por lo menos, el número de canciones, que se ha ido incrementando por el impulso dado por diferentes capítulos de la red "The Names Project" en EE UU, superaba la sesentena. El origen y avatares del cancionero pueden leerse, junto con un análisis de obras seleccionadas, en la muy bien documentada tesis doctoral de John Clayton Seesholtz.

Las piezas no han gozado de un amplia popularidad, que digamos, ni siquiera entre el pequeño ejército de amantes de la música clásica contemporánea. Al menos una, sin embargo, ha conseguido que sea interpretada ocasionalmente en recitales.

Se trata de "Walt Whitman en 1989" de Chris deBlasio. Originalmente grabada por el barítono Sanford Sylvan (uno de los pocos cantantes de ópera -¡a estas alturas!- abiertamente gay) con David Breitman al piano, en youtube se encuentra una sentida aunque poco audible versión de James Parks, que apenas susurra los versos de deBlasio:

“Flow,” Walt says, “dear River,
I will carry this young man
to your bank. I’ll put him myself
on one of your strong, flat boats,
and we’ll sail together all the way
through evening.”

“Fluye”, dice Walt, “querido Río,
que yo portaré a este joven
hasta tu orilla. Y yo mismo lo dejaré
en una de tus fuertes barcazas,
y navegaremos juntos toda la ruta
en el atardecer.

[fragmento final; traducción propia]

Este fin de semana se celebra en Barcelona y en todo el mundo el 17º Memorial Internacional del SIDA.

lunes, 10 de mayo de 2010

Añorado Henri Ledroit


Buceando por internet, sorprende el persistente goteo de personas que recuerdan aquí y allá con afecto y admiración a Henri Lecroit, contratenor francés desaparecido a finales de los ochenta, al inicio de su cuarentena. También sorprende que en apariencia no se conozcan entre sí: de lo contrario se entendería poco la queja de que Ledroit ha caído en el olvido.

El hiperactivo crítico sevillano Pablo J. Vayón le dedicó en diciembre de 2008 una extensa nota en su blog "El martillo sin dueño", y cierto que poco más hay que se pueda añadir a lo allí escrito sobre el estilo y la calidad del francés. El sitio recoge además dos muestras sonoras del arte de Ledroit para paladear sin prisas. En youtube, por su parte, sólo he encontrado un muy breve fragmento vivaldiano que el usuario ha subido con un sobrio fundido en negro, sin imagen que distraiga la escucha.

Si gustan, casi todo lo que grabó en estudio, e incluso más (registros inéditos, actuaciones en directo) se puede adquirir a través de los sellos Solstice y Ricercar. También Sony ha incluido en su nueva serie económica de ópera el "Tamerlano" de Haendel con Ledroit en el papel protagonista, lo que es un verdadero placer (conviene advertir, empero, que cierta crítica ha vapuleado inmisericorde tanto el trabajo de algunos de los conprimarios como sobre todo la dirección del persistente Jean-Claude Malgoire).

En fin, si apatece adentrarse en las emociones contemporáneas, uno de los buenos amigos de Ledroit, Jacques Lenot, le compuso una "tombeau" de una belleza austera, como corresponde.

Vayón se lamenta en su recensión de hace año y medio de no haber dado con la fecha exacta del fallecimiento de Ledroit. Una rápida búsqueda cibernética, sin embargo, arroja ahora al menos dos fuentes que coinciden en señalar el 10 de mayo de 1988 en Nacy. Siendo así, hoy hace exactamente 22 años que nos dejó Henry Ledroit a causa de complicaciones derivadas de la infección por VIH/SIDA:

"O mort! O mort, affreuse mort, quelle est ta barbarie!
L'auteur des plus beaux airs vient de perdre la vie."

"¡Oh muerte! ¡Oh muerte, horrible muerte, cuál es tu barbarie!
El autor de las más bellas arias acaba de perder la vida."

viernes, 23 de abril de 2010

La pasión de vivir de Rafael Orozco


En 1970, el británico Ken Russell llevó a las pantallas la vida Piotr Ilich Chaikovsky, con Richard Chamberlain en el papel del torturado compositor romántico, quien acabaría sus días en un episodio confuso que algunos tildan de suicidio inducido.

La película "The Music Lovers" es conocida en España como "La pasión de vivir", y emplea las piezas más apasionadas del ruso para ilustrar, no sin cierto esteticismo, sus muy variadas peripecias vitales, incluidas las amorosas. El pianista elegido para interpretarlas en la banda sonora fue el cordobés Rafael Orozco: ésta es una buena muestra.

Para adentrarse en Orozco, nada como los grandes conciertos para teclado. Si os hicistéis con la colección de música clásica que distribuyó el diario "El País" en 2004, buscad el número 18, y disfrutad de su cristalina versión de "Noches en los jardines de España" de Manuel de Falla. Si la escucháis con auriculares, estad atentos al murmullo con el que Orozco acompaña, se diría que acaricia, varios pasajes.

Si no, aquí tenéis su pasión sin amaneramiento en el primer movimiento del 3º de Rachmaninov.

Rafael Orozco falleció a causa de complicaciones derivadas del SIDA en Roma el 25 de abril 1996, este domingo hará 14 años.